1) El primero en descifrar la escritura no fue Champollion, sino Ibn Wahshiya. Estás flipando porque has oído mil veces lo de la expedición de Napoleón a Egipto y la Piedra Rosetta. Pero resulta que no fue un francés el primero en traducir textos del Antiguo Egipto, sino un iraquí… ochocientos años antes. De hecho, sus escritos sobre la materia se tradujeron al inglés 16 años antes de que Champollion anunciara su gran logro. Por supuesto, Ibn Wahshiya no fue una excepción. Hubo otros muchos estudiosos que se lanzaron a explorar e investigar por la zona. No es de extrañar que los árabes se hubieran interesado, ya antes de la llegada de los europeos, por los miles y miles de ruinas, monumentos y textos de los imperios antiguos esparcidos por todo el Asia Occidental y el Norte de África. ¡Es obvio que las Pirámides no impresionaron más a Alejandro y Napoleón que a ‘Amr ibn al-‘As y a Selim I sólo porque venían del otro lado del Mediterráneo! Por algún motivo -racismo y clasismo, evidentemente- las universidades y los intelectuales europeos ningunearon toda la producción intelectual extraeuropea por considerarla bárbara y pueril. Al ignorar sistemáticamente a la mayor parte de la Humanidad,  el eurocentrismo ha limitado enormemente  nuestra percepción de la Historia; que es mucho más compleja, mucho más amplia y mucho más antigua de lo que nos pueda parecer confinados en nuestros pequeños reinos europeos.

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Si no sabes leer árabe lo mismo te va a dar el jeroglífico que su transcripción, francamente.

2) La imprenta no la inventó Gutenberg, sino Bi Sheng. Cuatro siglos antes. Bueno, en realidad no la inventó ninguno de los dos porque ya existía hacía tiempo. Lo que inventaron fueron los tipos móviles. O sea, una especie de fichitas con un dibujillo en una cara. Los dibujillos eran las letras del alfabeto latino o los hanzi de la escritura china. Como venían sueltos, se podían reordenar rápidamente para hacer nuevas páginas. Era un sistema mucho más barato, rápido y eficaz que tener que tallar una plancha entera para cada página como se hacía antes. Los tipos móviles permitieron imprimir libros como churros. Sin embargo, este ingenio no tuvo el mismo éxito en China que en Europa. Por culpa de su sistema de escritura. ¡Mientras que la versión de Gutenberg apenas necesitaba 100 tipos móviles -para las letras en mayúscula, minúscula, tildes y signos de puntuación-, la de Bi Sheng necesitaba por lo menos 3.000! El sistema de escritura chino, que tiene la gran ventaja de que puede leerse sin tener ni pajolera idea de cómo se pronuncia, por contra, es engorrosamente complejo, lo que limitó considerablemente la eficiencia de la imprenta. Por el mismo motivo en Europa la alfabetización era mucho más alta. ¡Cualquiera puede aprender a reconocer y reproducir 100 dibujillos! Para colmo, mientras que en Europa había montones de instituciones y reyezuelos compitiendo por ver quién podía imprimir más libros, en China las imprentas las controlaba la Administración; que sólo producía libros en mandarín (官話), un idioma exclusivo del cuerpo de funcionarios.

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Cada línea es un hanzi diferente. Ahora ponte a buscar los que necesitas en esas mesas. Para cuando termines una página igual te quieres morir.

3) El gran viajero del Medievo no fue Marco Polo, sino  Ibn Batuta. Pero no has oído hablar de él porque en vez de italiano, era marroquí. De Tánger. Un día se marchó de peregrinaje a La Meca, pero le supo a poco y se fue más lejos. Y más. Y más. Volvió a casa 24 años más tarde, habiendo recorrido todo el mundo conocido. Atravesó el Mediterráneo, remontó el Nilo, visitó los Santos Lugares, recorrió Arabia, se dio una vuelta por Mesopotamia y Persia, bajó por el Cuerno de África hasta Zanzíbar, pasó por Anatolia, se adentró en la estepa rusa, paseó por Constantinopla, atravesó el Asia Central, cruzó Afganistán, vivió en la India, pasó un tiempo en las Maldivas, consiguió atravesar el estrecho de Malaca y llegar a China. Regresó a Siria y se encontró con la Peste Negra, que le cortó el rollo y se volvió a Tánger. Cuando se aburrió hizo otra vez las maletas y se marchó a recorrer al-Ándalus, después visitó Marruecos, atravesó el Sáhara, siguió el Níger y luego se volvió a su casa. Ibn Battuta escribió sus viajes en un libro muy parecido al de Marco Polo. Igual que el veneciano, se permitió una buena dosis de imaginación. De hecho, también lo dictó para que se lo escribiera otro. Pero como está en árabe ningún europeo se había enterado de todo esto hasta hace poco.

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4) El gran navegante de la Edad de los Descubrimientos no fue Cristóbal Colón, sino  Zheng He. No dirigió cuatro excursiones con tres barcuchos y un puñado de muertos de hambre, sino siete expediciones al frente una flota imperial de más de cien naves y treinta mil hombres. Recorrió las costas del sur de Asia cazando piratas, recolectando tributos, reclutando emisarios y, en general, asegurándose de que todos los soberanos rindieran pleitesía al Emperador. Por las buenas o por las malas. Las expediciones recorrieron Indochina, Indonesia, Myanmar, India, Maldivas, Persia, Arabia y el Cuerno de África. Fue la expedición marítima más grande que viera el Mundo hasta el siglo XX. Por fortuna para todos los implicados, el Emperador carecía de voluntad expansionista y su flota se limitó a establecer lazos diplomáticos y comerciales. Apenas unas décadas más tarde una pequeña flota portuguesa dirigida por Alfonso de Albuquerque entraba en el Océano Índico desde el Cabo de Buena Esperanza. A pesar de encabezar una fuerza muchísimo menor, abriéndose camino por las malas, fue capaz de hacerse con el control del Índico y sus principales puertos. Si pudo conseguirlo fue porque China había vuelto a su aislacionismo habitual y se había dejado de expediciones.

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5) El padre de la Economía moderna no fue Adam Smith, sino Ibn Jaldún. Tres siglos antes de que naciera Smith, Ibn Jaldún ya escribía sobre la importancia de la división del trabajo -en lugar de la famosa fábrica de alfileres puso como ejemplo el mercado de comida-. Y fue más allá, porque no limitó su reflexión al plano industrial, sino que lo expandió al contexto social e internacional. También introdujo las ideas de producción, coste y suministro. E ingenió la teoría de la oferta y la demanda y el concepto de «utilidad» -satisfacción del consumidor-. Además, adelantó el principio de que la riqueza de las naciones proviene del trabajo, y no de las propiedades o los metales preciosos. Estudió cómo los cambios demográficos afectan a la economía y reflexionó sobre teoría impositiva. Sin señalar a nadie, diré que era habitual entre los intelectuales europeos «disimular» la más que notable dependencia de la intelectualidad europea de las ideas e invenciones provenientes de Asia. Por decirlo más claramente, es más que probable que Adam Smith -y otros tantos «genios»- simplemente oyeran o leyeran las teorías que les hicieron famosos y las publicaran en su propio nombre.

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La estatua de Ibn Jaldún en Túnez, su ciudad natal.

“Seguir ciegamente las costumbres y tradiciones y significa que los muertos estén vivos, sino que los vivos están muertos.”

Ibn Jaldún

 

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Un comentario en “Lee esto para curarte del eurocentrismo

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