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1. La Guerra Civil no se veía venir. Pilló a todo el mundo por sorpresa. El lío empezó un fin de semana a mediados de julio. Figúrate. La gente estaba de vacaciones, algunos en el pueblo con su familia, otros en la playa o en la montaña y los niños de campamentos. El viernes por la tarde salía la gente del cine haciendo bromas sobre la parte contratante de la primera parte y no sé qué de un camarote. El sábado por la mañana a alguno se le atragantó la leche del desayuno leyendo la prensa. El domingo por la tarde una docena de capitales de provincia se declaraban ya en abierta rebelión contra el Gobierno. El lunes por la mañana había una guerra civil. Ahí lo llevas. Y tú atrapado en el pueblo con tus suegros, sin poder volver a casa. Así de desprevenido venía el personal. Además, el Gobierno había censurado cualquier referencia a la conspiración militar que, se rumoreaba, planeaba un golpe de Estado. Esto del golpe suena más grave ahora que entonces. En sus cinco años de existencia, la República había sobrevivido dos intentonas secesionistas de Cataluña, tres revoluciones anarquistas, una huelga general revolucionaria, un golpe de Estado y un intento de golpe de Estado. Es comprensible que para julio del 36 el ruido de sables sonara más parecido a la canción del verano que a la Marcha Imperial.

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Portada de la revista satírica ABC el día después de que el Ejército se sublevara en África.
Noticia del día: la que hay liada en Venezuela.

2. La Guerra Civil no enfrentó a rojos contra azules. Es una simplificación tan burda que ofende a la inteligencia. El núcleo del conflicto fue un grupo de militares intentando derribar al Gobierno. Pero ni los militares ni el Gobierno lucharon solos. Cuando el golpe de Estado fracasó, los militares intentaron legitimarse proclamándose defensores de las múltiples causas de todas las derechas españolas. Tenían una en común: destruir el orden democrático. Antes de lanzarse a las calles los militares ya habían acordado una alianza con los carlistas. Los alfonsinos y las otras derechas católicas preferían otra dictadura militar que continuar con un sistema parlamentario que no podían controlar. Después de la ejecución de Primo de Rivera, a Franco le fue más fácil hacerle el lío a Falange. Y la Iglesia estuvo a bordo desde el principio, elevando la rebelión al estatus de Cruzada. Por el otro lado, el Gobierno intentó detener el golpe de Estado disolviendo el Ejército. No fue una idea muy inteligente. A mitad de verano el Gobierno estaba contra la pared. Una tercera parte del país había sido ocupado por los rebeldes. Y en el resto, los sindicatos se habían hecho con el control de todos los servicios públicos y parte de los privados. Cuando el Ejército de África cruzó a la Península y se abrió camino a sangre y fuego hacia Madrid se crearon extraños compañeros de cama. Anarquistas y comunistas aceptaron a regañadientes colaborar con el Gobierno y los demócratas en una «coalición antifascista» para combatir a los sublevados. Durante la Guerra, la Falange y el Partido Comunista, que habían sido partidos minoritarios, fueron aumentando su influencia porque eran los representantes nacionales de los apoyos internacionales de cada bando.

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Criticar une. Une mucho.

3. Los rojos no robaron el Oro de Moscú. No lo robó nadie. Una cuarta parte se vendió al Banco de Francia. Y la otra, en septiembre, por miedo a que los rebeldes o los anarquistas se hicieran con las reservas de oro que custodiaban las bóvedas del Banco de España, se decidió su traslado a la base naval de Cartagena. De allí se envió a la URSS, que era la única dispuesta a hacer negocios con la República después del Tratado de No Intervención. El oro no era un regalo, sino un depósito con el que ir pagando las compras de material militar del Gobierno durante la Guerra. Cobrando de esas reservas, el Politburó entregaba armas, municiones, aviones, tanques y técnicos. Ya que se puso, envió unos cuantos agentes de la NKVD (la KGB de entonces). Y traía también comida, ropa y combustible pagados por donaciones populares. Sí, como lo lees, los comunistas muertos de hambre enviaron ayuda humanitaria a España. El oro no duró ni un año. La situación del Gobierno era desesperada y sus vendedores aprovecharon para estafarle y colocarle chatarra. Con la Guerra terminada, Franco convirtió el Oro de Moscú en uno de sus puntos propagandísticos más fuertes. Según él, los rojos malos le habían robado el oro a la nación, y por eso, a pesar de su sobresaliente gestión como caudillo superlativo, la economía española no tiraba para arriba por más que repitiera “¡Arriba España!”. Evidentemente la URSS nunca devolvió el dinero. Ni tenía por qué.

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En tiempos de la República, el Banco de España (a la izquierda) era una sociedad anónima. O sea, una empresa privada. Lo nacionalizó Franco, el chavista, en 1962. 
Pocos lo saben, pero del ovni que aparece en la imagen (en primer plano) salió Carrero Blanco. Que venía del mismo planeta que Brezhnev, porque esas cejas no son de este mundo. O son un gato acostao. Al fondo el Círculo de Bellas Artes, en la Avenida de la CNT, hoy Gran Vía.

4. En la Guerra Civil no murió 1.000.000 de personas. Eso quiso hacernos creer el Cardenal Gomá. Pero los últimos cálculos dan un resultado en torno a 620.000, que ya están bien. Casi medio millón en combate, el resto en retaguardia. Los frentes más mortíferos fueron los de Madrid y Aragón. No muy por detrás quedan las carnicerías del Ejército de África en Badajoz y Málaga (esta última dirigida por Arias Navarro). Y la masacre de la carretera Málaga-Almería, en la que los sublevados dispararon con artillería, aviación y buques de guerra a los refugiados que escapaban hacia el Este. Además de todas esas «bajas» propias de escenarios bélicos, hubo una brutal represión en retaguardia. La Falange y los requetés formaron escuadrones de la muerte y se lanzaron a limpiar la raza española del «gen rojo» diagnosticado por el doctor Vallejo-Nágera. Los militares avanzaron desfaciendo entuertos y enmendando agravios pueblo por pueblo, barrio por barrio. Las cifras rondan las 100.000 víctimas. Al otro lado de las trincheras, el Gobierno hizo lo que pudo para mantener el orden jurídico. Encarceló, juzgó y ejecutó a los traidores a la patria por conspiración y rebelión siguiendo los procesos legales. Como hizo con Primo de Rivera. Pero no pudo impedir que los sindicatos asaltaran las cárceles y se tomaran la justicia por su mano. Por ejemplo, en Paracuellos. Se organizaron checas para perseguir a los «traidores al pueblo» y a los «saboteadores contrarrevolucionarios». Se cobraron en torno a 50.000 víctimas.

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El ISIS, en su campaña fanática integrista contra la cultura, destruye  Ciudad de Palmyra.
Facultad de Filosofía y Letras (hoy de Filología), Universidad Complutense, 1939. Lo de «¡muera la inteligencia!» se puede decir más alto pero no más claro.

5. La Guerra Civil no la ganó Franco gracias a su genio militar. Tuvo mucha ayuda. Y bastante suerte. Mientras que el Gobierno sufrió el boycott impuesto por el Tratado de No Intervención, los sublevados contaron con apoyo abierto e indisimulado. Hitler, que, rodeado de una camarilla de villanos digna de una ópera de Wagner, acaba de fundar su disparatado III Reich. Mussolini, que había conquistado Etiopía recientemente y se creía al frente del Imperio Romano redivivo. Y Salazar, que estaba muy metido en una agresiva campaña comercial de toallas. Enviaron material y personal para colaborar en la causa rebelde. En la mar, las Armadas alemana e italiana no se cortaron un pelo y fueron por ahí atacando y confiscando barcos españoles alegremente. De hecho, fueron la Kriegsmarine y la Regia Aeronautica las que establecieron el puente aéreo y rompieron el bloqueo del Estrecho que permitió a Franco cruzar a España con el Ejército de África. Con su papel como catalizador de la ayuda extranjera, al frente de las tropas más mortíferas  del país, avanzando victorioso por la Península, pasó de ser «Miss Islas Canarias 1936» a «Generalísimo». A los demás generales no les hizo mucha gracia, pero tuvieron que tragar, al menos hasta que acabara la Guerra. Entonces ya se vería. Pero no vivieron para verlo.

 

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Póster promocional de los fascistas moderados. La oposición pacífica a la dictadura chavista de la España de Asad.

 

 

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Un comentario en “5 reflexiones sobre la Guerra Civil para que tu cuñado no te tome el pelo en la cena de Nochevieja

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