Se escriben y se dicen muchas patochadas y bravatas cada 12 de octubre. Siempre fue más fácil opinar que saber. Y como la cuestión lleva nacionalismo y religión de por medio, la mayoría de los opinadores están poco -o nada- interesados en los hechos reales, cada vez más denostados según avanza el sigo XXI. Ningún efecto puede obrar la razón sobre quien «del poco leer y del mucho dormir, se le secó el cerebro, de modo que vino a perder el juicio». Por suerte, habita aún la Tierra una minoría con sentido crítico y sana curiosidad  más interesada en realidades que en fantasías. Estas 5 reflexiones son para ellos.

1. “Simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los reinos de España en una misma monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos”. La «construcción del Estado» se refiere a la concentración de territorios dispares y heterogéneos acumulados por un matrimonio entre primos: Isabel y Fernando. Es un eufemismo muy bonito para la parte que toca a Granada y Navarra, que fueron invitadas por las malas a compartir el Destino en lo Universal.  Lo que no termino de ver es cómo encaja Italia en todo esto. Sicilia fue el primer trono del matrimonio. ¡Y los Reyes Católicos tenían tantos súbditos italianos como españoles! ¿Se referirá a ellos con lo de «nuestra pluralidad cultural y política»? ¿Está hablando de la expulsión de los judíos y la conversión forzosa de los musulmanes? Lo que está más claro es a qué se refiere con la «proyección lingüística y cultural».

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La Unidad Nacional conseguida por los Reyes Católicos. Incluye antes media Italia y varias ciudades de África que Navarra, y se olvida de Ceuta y Portugal. Ups!

2. El 12 de octubre de 1492 unos marineros andaluces dirigidos por un genovés desembarcaron en el archipiélago de las Lucayas. Les faltó muy poco para darse la vuelta sin descubrir una mierda. Se las apañaron para hundir uno de sus barcos y perder a toda la tripulación en circunstancias desconocidas. El genovés estaba muy perdido. Hizo otros tres viajes por el Caribe del siglo XV preguntando por el Gran Kan, pero los indios no tenían ni idea de qué iba todo ese rollo. ¡Porque aún le faltaban 15.000 km para llegar a la India y, además, el Gran Kan vivió en la China del siglo XIII! El genovés y sus hermanos gobernaron las Antillas siete años y acabaron entre rejas por corrupción. Seis semanas de nada. La Corona les perdonó y encima les pagó otro viaje. La verdad es que como epopeya deja bastante que desear.

3. Colón descubrió América en el mismo sentido que Anton van Leeuwenhoek descubrió los gérmenes y Marie Curie la radiactividad. ¡No es que nadie hubiera tenido contacto previo con estos hallazgos, sino que nadie antes había hecho constar su existencia! Los americanos llevaban su vida y hacían sus cosas antes de que llegaran los europeos, claro, pero el resto del mundo ni se había enterado de que existían. ¡Evidentemente, el hecho es bidireccional! El mismo día que los europeos descubrieron a los indios, los indios descubrieron a los europeos. Y los gérmenes a todos ellos. Y hubo gran regocijo. Si Colón y su tripulación se hubieran muerto o se hubieran dado la vuelta, otro alguien habría llegado en su lugar. En el siglo XV había más gente dando vueltas por el Atlántico que en las rebajas. Era cuestión de tiempo que alguno anunciara que había encontrado la otra orilla. Es una ecuación sencilla: barcos capaces de navegar por el Océano + marineros disponibles + empresa privada + subvención pública = Descubrimiento(s).

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¿De verdad es creíble que una expedición comercial llevara semejante banderón y ese pedazo de cruz para ir enseñándola por ahí? A Colón le va a dar algo con ese abrigo. Y sorprende la amabilidad de los indios -armados con arcos galeses, por cierto-, que salen a colmar de presentes a ese puñado de extranjeros sudorosos en lugar de echarlos a la cazuela.

4. Lo que ocurrió fue lo que más posibilidades tenía de ocurrir: que los empresarios de un país de la costa Atlántica de Europa Occidental -en el extremo final de la línea de distribución, pero con una vía marítima navegable- buscaran la forma de puentear a los comerciantes italianos y árabes que importaban las especias desde Indonesia y que la Corona de turno, en pleno proceso de expansión y centralización, se interesara por controlar cualquier nuevo territorio descubierto y gravar el comercio. La cuestión es pueril, y convendría no olvidar que el primer país que conquistaron los españoles fue… España. Lo peor es que el debate se reduce a un argumentario simplista, superficial y patriotero que sonaría ridículo en cualquier otro escenario histórico. Imaginemos el eslógan «año del genocidio étnico y cultural ibérico. #nadaquecelebrar. Hispania fue invadida y saqueada por los romanos». La celebración de la resistencia de los pueblos indígenas ibéricos sería tan ridícula como la celebración de la conquista romana. Principalmente porque los pueblos indígenas no eran precisamente una familia armoniosa y pacífica, sino otra panda de hijos de puta que se bastaban y se sobraban para invadirse y saquerase mutuamente. «¿Pero qué han hecho los romanos por nosotros?» Los conquistadores, después de la violencia inicial, construyeron infraestructuras, mantuvieron el orden e impusieron la paz. «¿La paz? ¡Que te folle un pez!».

5. Y para rematar está lo del Pilar. Por lo visto el 2 de mayo del año 40, a Santiago -que según la Biblia estaba en Jerusalén a punto de ser decapitado- en Zaragoza -al otro lado del Mediterráneo- se le apareció -en carne mortal, antes de subir a los cielos en cuerpo y alma en Jerusalén y en Éfeso- la Virgen -cuya virginidad no le impidió ser madre de Dios y de sus hermanos humanos-  sobre un pilar -vistas sus habilidades anteriores se entenderá que lo avanzado de su edad no le impidiera andar por ahí haciendo equilibrios sobre materiales de construcción- para pedirle que construyera un templo y que no moviera ese pilar -era caprichosilla-. Aunque, por lo que sea, a nadie se le ocurrió escribir esta emotiva reunión de herejes judíos en la ribera del Ebro hasta 1.250 años después. ¡Por suerte nadie había movido el Pilar! Y ahí sigue. Por lo que sea la gente sigue tragándose este disparate. ¡Porque no es un pilar! ¡Es una columna! 

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En un despliegue de medios formidable, la Virgen se aparece en carne y hueso a escala 1:4 frente a un grupo de judíos en Zaragoza sobre lo que es, a todas luces, una columna. Se conoce que la resurrección le había sentado muy bien a su Hijo, porque sale bastante rejuvenecido.

No deja de tener cierta gracia que el día de la Fiesta Nacional española conmemore tanto a un empresario metido a político que acabó pasando por la cárcel y saliendo por una puerta giratoria, como un episodio de promoción inmobiliaria mastodóntica que acaba con un edificio de dudosa calidad artística y más que evidentes fallos estructurales. ¿No?

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7 comentarios en “5 reflexiones para entender el 12 de octubre y dejarse ya de tanta tontería

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