Allí estaba él. Hugo Wincker se agachó y tomó una de las miles de tablillas que le rodeaban. Si sus ojos no le engañaban aquel texto estaba en escritura cuneiforme, sí, ¡pero en dos idiomas! Uno de ellos lo tenía claro: acadio. El otro no era la primera vez que lo veía. Había aparecido unos años atrás en algunas tablillas en Egipto y, aunque se podía leer, era incomprensible. ¡Hasta ahora! En sus manos se encontraba la nueva Piedra Rosetta del Asia Menor. Por fin resolverían el misterio de la escritura, los murales y las ruinas que estaban encontrando en el corazón del Imperio Otomano. 

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El extraño texto. Acadio cuneiforme, sí. ¿Pero y qué más?

Durante años, habían estado recibiendo y recolectando noticias de yacimientos arqueológicos de la zona. Los locales los conocían bien. Habían crecido con ellos y sabían que allí había algo grande. ¿Qué podía ser si no un antiguo imperio? Un imperio olvidado. Desde principios del siglo XIX varios arqueólogos de renombre internacional habían estado recolectando datos sueltos por toda Anatolia. La mecha la prendió Charles Texier con su Description de l’Asie Mineure. El francés lo tenía claro. Lo que había encontrado en Boğazköy a mediados de los años treinta no era sólo un imperio, era toda una civilización. A partir de entonces los europeos, ansiosos de llenar sus museos y bibliotecas, se lanzaron a la búsqueda, expolio y estudio de los diferentes yacimientos.

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Aunque tenga la forma de un feto de alien, no lo es. Es el mapa del Imperio y su área de influencia.

Los últimos años del siglo XIX fueron muy prolíficos. En la fortaleza de Sendkirli se encontraron bajorrelieves y cientos de esculturas, vasijas y tablillas de barro cocido. En Kültepe -el antiguo karum de Kanesh-, Aleppo, Bogazköy y Jamath, más tablillas. Y en Tell el-Amarna, Egipto, correspondencia diplomática entre Amenhotep III y su hijo Akhenatón refiriéndose al “Reino de Heta“. La correspondencia entre mercaderes encontrada en Kültepe hablaba de acuerdos comerciales entre asirios y gentes de la “tierra de los Hatti”. Poco después un investigador muy osado y poco aceptado -Sayce- propuso que Hatti y Heta eran correspondientes con los pueblos bíblicos hittim. Aunque su teoría se rechazó hasta entrado el siglo XX. Los académicos blancos, que son más listos que los antiguos egipcios y acadios, prefirieron llamarla “lengua de Arzawa” porque era una de las pocas palabras que sabían lo que era: una región… que resultó no ser parte del Imperio.

Porque el Señor había hecho oír en el campamento de los arameos un ruido de carros, un fragor de caballos y el estruendo de un gran ejército, de manera que se dijeron unos a otros: ‘Miren, el rey de Israel ha contratado como mercenarios a los reyes de los hititas y a los reyes de los musritas, para que avancen contra nosotros'”.

Libro II de los Reyes, 7:6

Gracias al descubrimiento de tablillas en Boğazköy, Winckler pudo afirmar con rotundidad que los restos que había estado excavando pertenecían a la civilización Hitita y aquello era nada menos que su capital: Hattusa. Si ya era popular el Imperio, desde ese momento, todo el mundo quiso una foto con él. Se excavaron sistemáticamente los yacimientos de la zona, se catalogaron piezas, se tradujeron textos, se llenaron los museos otomanos y europeos, se reconstruyeron algunas estructuras antiguas, se publicaron libros y se caracterizó la civilización. Gracias a las tablillas encontradas en Hattusa, otras de Karatepe y numerosas referencias en textos asirios y egipcios, a principios de los años 50 del siglo XX, Johannes Friedrich publicó un Manual hitita y un Diccionario de lengua hitita donde descifraba y sistematizaba la nueva lengua, confirmaba las tesis anteriores y fijaba fechas. El imperio perdido había sido encontrado.

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Hattusa en 2016, la capital olvidada del Imperio Hitita.
No me esperaba Anatolia tan verde.

Hoy, la civilización Hitita es una más dentro de la miríada de civilizaciones de la Antigüedad. Pero, todavía hoy, quedan muchas incógnitas a su alrededor. La más recurrente es la nomenclatura. Cómo llamarlos y cómo se autodenominaban. Los asirios los llamaban Khati. Los egipcios, Ht (vocalizado “heta”). Los acadios, URUHa-at-ti. Hoy muchos aceptan el nombre de Hatti. Aunque plantea un problema. Los Hatti eran un pueblo no indoeuropeo que vivía en la región antes que los hititas. Por lo que es muy posible que los Estados vecinos conservaran el nombre antiguo para denominar a los nuevos. Vamos, como si hoy llamáramos israelitas a los israelíes o iberos a los españoles. El término más utilizado (hittim, en inglés hittites) viene directo de la Biblia.

Antes de los descubrimientos arqueológicos, la única noción que se tenía de los Hititas era la de la Biblia. Algunos investigadores afirmaban seriamente que, si ese pueblo había existido, habría sido cosa menor puesto que “ningún rey hitita podría haber sido comparado con el poder del rey de Judea”. Conforme se fue descubriendo su cultura, algunos se atrevieron a afirmar que “podrían compararse con el reino de Egipto” y que sin duda habrían sido “infinitamente más poderosos que Judea”. Hoy se sabe que no sólo se «compararon» con el Imperio Egipcio, sino que se enfrentaron a él en varias campañas y consiguieron frenar su expansión.

Simplemente, al igual que Sumer, Elam y Urartu y a diferencia de Babilonia, Asiria y Egipto, los hititas apenas dejaron rastro en la memoria de los pueblos que ocuparon la zona más tarde. Desde la perspectiva judeo-cristiana de superioridad moral y estratégica del Pueblo Elegido, los demás reinos quedaron en un papel anecdótico, sólo remarcable cuando pasaban por Judea o esclavizaban a los protagonistas de su Historia o blasfemaban sobre sus dogmas. Parece que para el Pueblo Elegido y sus descendientes el resto de civilizaciones, imperios y creencias no fueron tan importantes como para incluirlos siquiera en sus leyendas. Y así se olvidaron pueblos, civilizaciones, maravillas arquitectónicas y relieves en la roca.

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Entre las hileras de soldados excavados en la roca aparece una cabeza.
¿Será acaso un hitita superviviente del siglo XV a.E.C. en Yazılıkaya?
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4 comentarios en “El imperio olvidado

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