No salía de su estupor. ¿Cómo había acabado él así? Rey de Castilla y Aragón, de Nápoles y Sicilia, Duque de Borgoña y Archiduque de Austria, Emperador del Sacro Imperio Romano… ¡sin duda el hombre más poderoso de Europa! Y aún así, allí estaba, en lo alto del Alcázar, bajo una lluvia de piedras. ¿De verdad había creído por un sólo momento que el pueblo amotinado le escucharía? En realidad daba igual. Sus captores le habían forzado a intentarlo. ¡La culpa de todo la tenía ese maldito Cuauhpopoca! Aventurero sanguinario sin escrúpulos. Se decía que había quemado sus naves al desembarcar para evitar que sus tropas se acobardaran. Al principio, por sus exóticos ropajes emplumados, algunos los habían confundido con atlantes. Lo que estaba claro es que no venían en son de paz. Se abrieron paso por las malas hacia la Meseta. Y no les costó encontrar aliados. El rey de Portugal no había perdido la ocasión para reclamar otra vez el trono de Castilla para Juana La Beltraneja y el de Francia para restaurar a Enrique II de Navarra. Si sólo hubiera sido eso… Muchos de los suyos le habían traicionado y se habían unido a los invasores. En Castilla los comuneros, en Valencia las germanías y en Granada los moriscos. Los invasores se entregaron alegremente al saqueo de los tesoros eclesiásticos mientras una misteriosa peste diezmaba a la población. ¡Como si no hubiera tenido ya bastante ajetreo con el maldito Lutero y la amenaza turca en los Balcanes! Había acabado sometido a un tal Moctezuma, que vivía al otro lado del mar. Tenía que haberle hecho caso a su madre y haberse quedado en Alemania. Pero era hombre de acción. ¡Le gustaba estar en primera línea! Considerando la situación, bajo la lluvia de piedras, igual su madre no estaba tan Loca… ¡Crac! Todo se volvió negro. Al final le habían acertado en la cabeza.

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¡En nombre de Cuauhpopoca, señor de Coyohuacan y conquistador de Jispania, y por el Altísimo Huitzilopochti, rendíos a Su Majestad Motecuhzoma II Xocoyotin, Huey Tlatoani del Imperio Azteca!

Como todos sabemos, no fue el emperador Carlos quien acabó sometido a Moctezuma, ni la península Ibérica conquistada por los aztecas. No es que fuera una posibilidad remota. Es que era prácticamente imposible. Existía una más que evidente ventaja técnica, tecnológica y biológica de los euroasiáticos -y los africanos- frente a los americanos. El curso de la Historia no tiene nada que ver con la labor hombres extraordinarios como los conquistadores. Ni con el color de la piel. Sino con que el Imperio Habsburgo era parte de un núcleo de civilización con 8.500 años de desarrollo a sus espaldas, con muchas especies animales y vegetales domésticas, mientras que el Imperio de Moctezuma apenas contaba con 3.500 años de desarrollo y tan sólo un puñado de especies domésticas. Tampoco habría cambiado la cosa si los americanos hubieran podido atravesar el Atlántico. Supongamos que Cuauhpopoca, al frente de una expedición azteca, se las hubiera apañado para llegar de alguna manera a la costa ibérica. A la mayoría de sus hombres los hubieran matado los gérmenes antes si quiera de plantar batalla. Y los supervivientes hubieran tenido que enfrentarse a pie, con espadas de piedra y armaduras de algodón contra los tercios con picas y armaduras de acero con apoyo de caballería… y artillería. 

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El mapa es bastante autoexplicativo.

Eso no quiere decir que la conquista de América estuviera predestinada. Es una mera cuestión de probabilidad. Los europeos tenían más probabilidades de encontrar el otro Hemisferio y conquistarlo que los chinos, y éstos que los indios o los africanos. Se puede estimar las probabilidades de cada región de imponerse sobre las demás mediante cinco variables: capacidad militar, distancia, inmunidad biológica, demografía y diplomacia. América fue la gran afectada por la expansión europea porque sus poblaciones eran las más desfavorecidas en esas cinco variables. Y  Asia la menos afectada porque era la menos desfavorecida. La explicación del Descubrimiento y la Conquista de América se han de explicar desde este planteamiento racional, y no desde la supuesta naturaleza belicista de los españoles, la valentía de sus prohombres o su Destino en lo Universal. La Historia de España no es diferente a la de cualquier otro Estado o nación. Sí es distinta, pero no diferente. Al fin y al cabo, los protagonistas son grupos humanos. Y todos los grupos humanos son equivalentes. Es decir, en todas las sociedades del mundo hay el mismo porcentaje de masa gris, de genios, de héroes, de tontos del haba y de hijos de puta. Por eso, cualquier grupo humano se comportaría parecido si estuviera en las mismas circunstancias. Si España estuviera al otro lado del Atlántico y los españoles vivieran a los pies de la Sierra Madre, la Historia de España sería muy parecida a la Historia de México.

«El cambio se produce por gente perezosa, ambiciosa y asustada buscando formas más fáciles, más beneficiosas y más seguras de hacer las cosas. Y raramente saben lo que están haciendo.»

Teorema Morris.

¡Espera un momento! ¿Si todas las sociedades son iguales, no deberían ser también iguales las Historias de todos los países? Pues no. Porque los grupos humanos no flotan en el espacio, sino que están contenidos por un hábitat. Y ese hábitat, la geografía y el clima, determinan las posibilidades de esos grupos humanos. El éxito de las distintas sociedades para sacar el mayor provecho de su hábitat dependerá de su capacidad para organizarse de forma más o menos eficiente. Y es precisamente esa eficiencia la que les permite o impide imponerse o sucumbir frente a otras comunidades y hábitats. Por ejemplo, un pueblo situado en un valle fértil, con un clima benigno, rodeado de animales domesticables lo tiene mucho más fácil que un pueblo que habite en el desierto, yermo y estéril. Si el primer pueblo es más rico que el segundo no querría decir que sus instituciones sean más eficaces, ni que sus habitantes sean más listos. ¡De hecho, bastante bien se las han apañado los otros para sobrevivir en el desierto! No es casualidad que el primer núcleo de civilización se desarrollara en Mesopotamia, precisamente donde existía la mayor cantidad de especies domesticables, y los últimos en América, donde había la menor cantidad de especies domesticables.

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Muy equilibrado.

“HISTORIA, n. Una descripción, mayormente falsa, de eventos, mayormente insignificantes, obra de gobernantes, mayormente granujas, y soldados, mayormente estúpidos”.

Ambrose Bierce.

 

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2 comentarios en “Otra Historia de España 3. Por qué Spain no es tan different!

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