Esta semana seguimos moviéndonos en el maravilloso mundo de las «ciencias auxiliares» que no son tan auxiliares y son bastante ciencias principales en sí mismas. Hoy nos adentramos en el complejo mundo de las banderas. La Vexilología es la ciencia que se encarga de estudiarlas y clasificarlas. Se trata, eso sí, de una ciencia joven. Antes del siglo XX, esta tarea recaía en la Heráldica. Y como buena ciencia rara, su nombre proviene del latín y del griego. ¡Para qué elegir una lengua muerta si, por el mismo precio, se pueden tener dos! De Vexillum -bandera en latín- y –λóγος -(-logos) el razonamiento-.

Es posible que muchos os preguntéis qué interés puede tener. Pues bien, al igual que todos somos numísmatas, también todos somos vexilólogos. En nuestro día a día, vemos banderas. Algunas las reconocemos y otras no. Algunas son de países, otras de organizaciones, de comunidades, ideas, culturas, etc. Algunas son muy antiguas, otras muy nuevas. Algunas son rectangulares, otras cuadradas. Algunas muy coloridas, otras bastante sosas. Algunas tienen símbolos, otras palabras y otras sólo colores. Algunas generan atracción, otras rechazo. Pero siempre encontramos una con la que nos identificamos. Ya sea porque aparece en nuestro documento de identidad, porque simpatizamos con la idea que transmite o porque la llevamos en el pecho o alrededor del cuello en un partido de fútbol.

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Diferentes banderas. Diferentes ideas.
De izquierda a derecha, de arriba a abajo.
Bandera del Real Zaragoza. Bandera del movimiento Okupa. Bandera del arcoíris.
Bandera de Biafra. Propuesta de nueva bandera para Nueva Zelanda.
Bandera de la ONU. Bandera de la Liga Árabe.

En Historia, cuando buscamos el origen de las banderas, lo encontramos en la protobandera. Aquel trozo de tela de colores que llevaban unos grupos militares para distinguirse de otros. En el siglo XII nacieron las banderas como concepto. Y lo hicieron a la vez que la heráldica, con el mismo objetivo y características similares. Ambas comenzaron a resultar muy útiles para saber quienes eran tus amigos y quienes tus enemigos. El blasón pasó a ser el símbolo del guerrero y sus colores se trasladaron a trozos de tela grandes que se pudieran ver desde mayor distancia. De las normas de la Heráldica, la diversidad y la simplicidad fueron las más importantes para la Vexilografía. Mientras los blasones iban haciéndose más y más complejos con los matrimonios y las uniones familiares, las banderas mantenían su sencillez inicial.

“¡Capitán, creo que todavía nos queda un mástil libre! ¿Engancho otra bandera?”.
Combate naval frente a una costa rocosa, Hendrick Cornelisz Vroom (1627).

En el siglo XVIII se comenzaron a usar en otros ámbitos estatales fuera del militar. Poco a poco grupos y comunidades más amplias -ya no sólo familias- se sintieron representados por una misma bandera.  Todo para llegar al «siglo de las banderas». El XX. Empezaron a integrar otros grupos con gustos, aficiones o ideas políticas comunes.

Las banderas no sólo representan las asociaciones, Estados y comunidades reconocidas. Una bandera puede ser símbolo de un grupo social marginal, de una comunidad ignorada o de las aspiraciones de independencia y reconocimiento de un Estado. 

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De izquierda a derecha, de arriba a abajo.
Bandera de Tibet libre. Bandera del Sáhara Occidental.
Bandera de Kurdistán.
Bandera de la República Catalana.
Bandera de Kosovo.

Pero una bandera no tiene por qué representar una comunidad individual. Puede representar una comunidad colectiva. Imaginemos un Estado cuya bandera está compuesta por las banderas de las diferentes comunidades históricas que lo constituyen. Pueden ser cruces y colores. Supongamos que unos cuantos ciudadanos votan en referéndum una opción polémica: abandonar una Unión. Como consecuencia, hay otros cuantos ciudadanos que votan en referéndum otra opción polémica: abandonar otra Unión. La de la comunidad colectiva, concretamente. ¿Qué pasaría con su bandera colectiva? ¡Habría que amputarle la cruz y el color de la nación saliente! 

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“Recorta y pega vexilológico”.
¿Qué pasará?
¿Qué misterio habrá?

Si se fuera Escocia, habría que sacar la Cruz de San Andrés de la Union Jack… Quedarían la Cruz de San Jorge y San Patricio como un asterisco rojo sobre fondo blanco. Perfecto símil con un culo escocío. ¿Lo pillas? Por Escocia. Guiño. Guiño. ¿Y si se fuera también Irlanda del Norte? ¿O Inglaterra? La Union Jack se puede desmontar por piezas, como se creó. Porque las banderas cambian con el tiempo. Evolucionan -como el mono de Darwin-. Son una forma de expresión. Y, por tanto, mutan con el mensaje. 

 

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