«Feminista, ¿yo? ¡Nunca! A mí esas que se sacan las tetas para protestar no me representan. Ahora, que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres… ¡Claro!»

El Feminismo es, precisamente, la ideología que defiende que las mujeres deben tener los mismos derechos que los hombres. Por supuesto, el movimiento no es homogéneo. No es cerrado. Ni exclusivo. Es la lucha contra cualquier forma de discriminación de género. Y la lucha puede ser pacífica o violenta. Activa o pasiva. Escrita u oral. Enseñando teta o sin enseñarla. Diferentes personas hacen diferentes luchas. Y diferentes luchas utilizan distintas formas de expresarse. Pero hoy el movimiento se encuentra desprestigiado. Quienes se declaran feministas, en lugar de ser vistos como miembros respetables de la sociedad y defensores de la igualdad, son tachados de radicales peligrosos. Hay cosas que nunca cambian. 

«No podemos ponernos de acuerdo en lo que es una “Feminista”, menos aún en lo que cree o cómo define los principios que constituyen el honor entre nosotras. (…) Algunas de mis hermanas dicen, riéndose, que hay tantas definiciones del Feminismo como feministas. A mí no me parece gracioso».

Carmen Vazquez (Towards a Revolutionary Ethics).

Hay quien encuentra antecedentes al feminismo en el pensamiento de la igualdad de sexos. En la Grecia Clásica y en las sectas medievales. Pero el movimiento organizado y con un fin concreto comenzó más adelante. La Revolución Francesa fue el marco perfecto para reclamar sus derechos. Se ligaron a la ideología igualitaria y racionalista de la Ilustración. Pero su presencia estuvo siempre subordinada a la de los hombres. En su empeño por rehacer las leyes de Francia con base romana, Napoleón legisló para asegurar la total subordinación de las mujeres a los hombres y su indudable obediencia a sus deseos.

«Las madres, hijas, hermanas (…) por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de los gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer».

Olympe de Gouges (Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, 1791). 

La omisión de las peticiones marcó el inicio de la lucha del primer feminismo. Las conquistas de las revoluciones liberales no afectaron a la mujer. Todas las garantías y derechos se referían al Hombre, no al conjunto de los seres humanos. Mediante la Revolución Industrial las mujeres habían salido por fin de las casas y se habían convertido en una parte más visible y activa de la sociedad. Pasaron a ser una nueva clase -una situada bajo dominio masculino-. Y, aunque se vinculó la lucha feminista con la lucha obrera en el siglo XIX, los hombres se centraron en sí mismos. Las mujeres comprendieron que si querían conseguir algo, deberían luchar por su cuenta. A mediados del siglo XIX comenzó a organizarse el movimiento. La demanda principal fue el derecho a voto. Como medio para abrirse camino hacia el resto de derechos. En torno al sufragismo, las mujeres reivindicaron su autonomía y organizaron su movimiento, dándole un sentido y una dirección. Lo primero era la integración. La igualdad la conseguirían desde dentro.  

«A vosotros, obreros que sois las víctimas de la desigualdad de hecho y de la injusticia, a vosotros os toca establecer al fin sobre la tierra el reino de la justicia y de la igualdad absoluta entre la mujer y el hombre. Dad un gran ejemplo al mundo (…) y mientras reclamáis la justicia para vosotros, demostrad que sois justos, equitativos; proclamad, vosotros, los hombres fuertes, los hombres de brazos desnudos, que reconocéis a la mujer como a vuestra igual, y que, a este título, le reconocéis un derecho igual a los beneficios de la unión universal de los obreros y obreras».

«La mujer es la proletaria del proletariado (…) hasta el más oprimido de los hombres quiere oprimir a otro ser: su mujer».

Flora Tristán (La Unión Obrera, 1843).

Aunque la mayor parte de las líderes de la lucha fueron mujeres de la burguesía, también participaron muchas de la clase obrera. Se buscó la unión más allá de las diferencias de clase. Vertical y transnacional. Aunque en principio, se pedía el «sufragio igual» -para hombres y mujeres- en varias ocasiones se unieron al «sufragio universal» -para blancos y no-blancos-. Los países donde el sufragismo tuvo más fuerza fueron los anglosajones. En EEUU el movimiento tuvo un carácter más pacífico y legalista. Se vinculó con la lucha antiesclavista. Y cuando, tras la Guerra de Secesión, los negros varones consiguieron el voto, a las mujeres se les denegó. El sufragio femenino era considerado demasiado radical.

«Ninguna mujer con respeto por sí misma debería desear o trabajar por el éxito de un partido que ignora su sexo».

En Reino Unido se vinculó con el fabianismo -que quería mejorar la situación laboral y vital de la sociedad a través de reformas socialistas-. Se centró en la acción directa a través sabotajes y manifestaciones violentas. En 1913 la Woman’s Social and Political Union fue declarada ilegal y sus integrantes perseguidas y encarceladas. Sin embargo, durante la Primera Guerra Mundial el gobierno declaró la amnistía de las sufragistas y les encargó el reclutamiento de mano de obra femenina para sustituir la masculina que estaba en el frente.

Mary Poppins o cómo parecer que educas a los niños en la igualdad y el sufragismo para, de pronto, y en la última escena [SPOILER ALERT] descubrir que la lucha feminista son caprichos de ricachona con mucho tiempo libre y que, antes que mujer, se es madre.

El poder político la mujer ha mejorado considerablemente desde la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. En el siglo XIX se se obtuvo el sufragio restringido. En el siglo XX el sufragio universal y el derecho a presentarse a las elecciones. Hoy sólo queda un país que niega el voto femenino: el Vaticano. El primer feminismo consiguió la integración política de la mujer a través del voto. Por fin eran iguales. Pero unos más iguales que otras. 

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Un comentario en “Feminismo 1.0

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