A finales del siglo XVIII -y todavía hoy- Francia era una potencia atípica. Híbrida. La lucha entre el Imperio Francés y el Reino Unido se ha descrito muchas veces como la lucha del elefante contra la ballena. Pero no es cierto. Francia debía distribuir sus recursos entre el ejército y la flota y, por tanto, no podía ser la mejor en ninguno de los dos campos. Quien mucho abarca poco aprieta. Por otro lado, la Administración estaba corrompida y se perdía dinero por todas partes. Y para colmo, su sistema bancario era desastroso y sólo podía conseguir préstamos con intereses altísimos. Fue precisamente la presión de la financiación la que disparó la Revolución Francesa. Liberté, égalité, fraternité. En otras palabras: racionalismo, secularización y nacionalismo. Los eslóganes preocupaban a las otras potencias, aunque a la vez estaban muy contentas al ver cómo Francia se había desactivado ella sola y era más peligrosa para sí misma que para las demás. Pero la cosa se estaba yendo de madre. Cuando Luis XVI fue guillotinado y la nueva República trató de unir a sus ciudadanos mediante el fervor nacionalista via militar -no existía entonces el fútbol-, cundió el pánico. ¡Una cosa es hablar de revolución y otra hacerla de verdad! Se activó inmediatamente el sistema de coaliciones y Francia se encontró luchando contra toda Europa. 

Napoleon_at_the_Great_St._Bernard_-_Jacques-Louis_David_-_Google_Cultural_Institute.jpg
“Hasta la victoria siempre”

Napoleón Bonaparte.

 

La pasión revolucionaria permitía reclutamientos masivos y las desamortizaciones podían financiar la campaña, pero era evidente que Francia sería incapaz de vencer a la larga. Más aún, Francia no podía luchar con todas sus fuerzas en tierra contra Austria, Prusia y Rusia y en el mar contra Reino Unido. Aún así, desafió a todas las potencias europeas durante años, mantuvo Europa bajo su control y llegó a asustar al gobierno de Londres. Francia era rica y populosa, fanatizada por su nueva ideología y sus constantes victorias, podía aprovechar las divisiones entre sus enemigos y sus ejércitos podían financiarse del saqueo del territorio enemigo. Y lo más importante, había encontrado un líder: Napoleón. Pero sus 28 millones de habitantes, 600.000 soldados y 80 buques de línea difícilmente podían prevalecer sobre los 91 millones de habitantes, los 1.270.000 soldados y los 254 buques de línea de las otras cuatro potencias combinadas. Para colmo, cada baja reducía aún más la ya de por sí insuficiente capacidad de reclutamiento. La derrota de Francia y de Napoleón fue siempre sólo cuestión de tiempo. Mucho antes de Waterloo.

image
“- A ver, esto pa’ mi hermano Luis, esto pa’ mi hermano Pepe, esto pa’ mi hermanito Jerónimo, esto pa’l cuñado Joaquín… y esto pa’ la tata Elisa. ¡Y a Luciano nada, que es un desagradecido!” 
 El Primer Imperio Francés en 1812.

Napoleón estaba atrapado en Europa, arruinado, acosado por las coaliciones y desangrado por las rebeliones nacionalistas por todo el Imperio. En cambio, Reino Unido, a salvo tras el Canal de la Mancha, contaba con orden público, un sistema fiscal sólido y podía permitirse concentrar todos sus recursos en una enorme marina mientras subvencionaba a las otras potencias y rebeliones para que siguieran luchando. En esencia, la clave de la victoria residía en la geografía y la financiación. Si Napoleón quería ganar, no le bastaba con seguir ganando batallas. Necesitaba mejorar su posición geográfica y su financiación. Y podía mejorar su posición geográfica y su financiación si empeoraba la de sus enemigos. Trató de establecer un baluarte en Egipto desde donde atacar la más preciada colonia británica: India. Y luego impuso un embargo continental para destruir la economía insular. Las dos le salieron mal. Tal vez si en lugar de esforzarse en debilitar a sus enemigos se hubiera esforzado en fortalecerse a sí mismo… ¡Francia tenía más población y más recursos que el Reino Unido! Pero… bah. Daba igual mientras existiera Rusia. No se puede ganar contra Rusia.

napoleonrusia.jpg
-“Il fait froit, mon empereur…”
-“Il fait un cazzo di froit, mon amico!”

El golpe de gracia llegó precisamente con la fallida campaña de Rusia. La pérdida del 80% de la fuerza de combate francesa, simplemente, no podía ser restaurada. La coalición empujó a los ejércitos franceses de vuelta a Francia. La moral había decaído, la Revolución había perdido su sentido, el ejército francés debía costearse ahora a expensas de la propia patria y ya no había a quién más reclutar. Napoleón dimitió y Francia cejó en sus pretensiones imperiales… al menos en Europa.

Las potencias victoriosas fueron incapaces de coordinarse para reorganizar el tablero europeo hasta que no se vieron amenazadas de nuevo por Napoleón, que durante Cien Días trató de restaurar su Imperio. Derrotado Napoleón definitivamente en Waterloo, la coalición se propuso, ahora en serio, orquestar un Concierto de Naciones que garantizara el equilibrio de poder e impidiera un nuevo conflicto a gran escala. El Congreso de Viena redibujó el mapa de Europa, rodeando Francia de pequeños estados tapón que evitaran otro choque directo entre Grandes Potencias, restauró el absolutismo e intentó dar marcha atrás a las manecillas del reloj como si la Revolución no hubiera ocurrido… Pero sí había ocurrido. El Progreso había roto ya la cáscara del Antiguo Régimen. Y las campañas de Napoleón habían contagiado Italia, Egipto, Alemania, Rusia… La burguesía parisina siguió arremetiendo contra el orden tradicional. Las Revoluciones Francesas -hubo tres- encontraron eco en toda Europa y debilitaron el orden aristocrático. El Progreso se abría camino. Aún así, el Antiguo Régimen se las apañó para sobrevivir, tocado, pero no hundido, durante todo el siglo XIX.

Napoleón derrotado
“Me cagüen mi calavera… ¡Con lo que he sido yo!”
Abdicación de Napoleón en Fontainebleau, por Paul Delaroche (1845).

 

Anuncios

9 comentarios en “NAPOLEÓN vs EL MUNDO

  1. Mensaje para Clara Giménez de parte de uno de los guiados por Dublín, aquel que siempre se sentaba durante las caminatas, preguntaba en exceso y decía ser profesor de Historia en Binéfar (Huesca). Una página excelente, bien estructurada y amena. Saludos cordiales. Eladio Romero García, catedrático de ESO, doctor en Historia y escritor.

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Eladio,
      Muchas gracias por tu comentario y tu buena crítica. Siempre es bueno recibirlas, pero viniendo de otro historiador tienen un valor especial.
      Un abrazo.
      Clara.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s