A pocos sorprenderá a estas alturas, que en más de una ocasión se hayan confundido elementos de ficción con realidad: Tartessos, el Cid, Jesús… Uno de los casos más famosos es el de Richard III. Quienes hayan estado en la Torre de Londres se acordarán del rey que encerró y mató a sus sobrinos allí. Los amantes del teatro que hayan leído The Life and Death of King Richard III recordarán al rey tirano exclamando: «Un caballo, un caballo, mi reino por un caballo». ¿Pero quién fue Richard?

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Richard III cambiándose los anillos de dedo para acordarse de sacar la basura.

Richard Plantagenet nació en 1452. Hijo de rey. Hermano de rey. Tío de potencial rey… Y rey. Intrigó para declarar a sus sobrinos hijos ilegítimos y quedarse con el trono. Fue proclamado rey de Inglaterra, pero poco le duró el trono. Con sus intrigas, acabó ganándose algunos enemigos y uno de los peores fue Henry Tudor. Richard todavía no lo sabía, pero los Tudor no eran gente de fiar. Pronto perdió la batalla y el trono y lo murieron. Henry Tudor fue proclamado rey, como Henry VII.

El cuerpo de Richard fue enterrado en una de las iglesias que cerró Henry VIII -gran marido, mejor amante y un perfecto galán de novela erótica (eso sí que era BDSM y no lo de Grey). Su tumba desapareció. En 2012 un equipo de investigadores de la Universidad y el Ayuntamiento de Leicester comenzó la búsqueda del monarca. Se encontró un esqueleto bajo un parking público. Se desenterró, se estudió, se secuenció su genoma, se analizó su cuerpo y ADN y se reconstruyó su cara. En marzo de 2015 se le re-enterró, abriendo la capilla ardiente al público para que se pudiera rendir homenaje al rey. Porque… ¿quién no querría homenajear a su rey?

La cara de cera del Rey esperando que la acepten en algún museo de cera europeo. El de Madrid no está en la lista final…

Pero el homenaje no se estaba haciendo a un rey cualquiera. Richard es un rey muy controvertido. Tras haber perdido la guerra contra los Tudor, fue demonizado por los propagandistas de la nueva dinastía. A pesar de que Henry VII se pasó la legalidad de la que tanto alardeaba por el arco del triunfo y se mandó proclamar rey -ignorando y matando al resto de herederos- no perdió oportunidad de destruir la figura de su predecesor. Por supuesto, Richard fue objeto de chismes en sus días de rey, pero la opinión general sobre él entre sus contemporáneos era buena. Para algo había administrado y defendido el Norte de Inglaterra frente a los temidos escoceses.

Pero a Henry VII no le importaban las cosas buenas, sino los rumores suculentos. Y no difundió pocos. Richard había encontrado una forma legal de quitar el trono a sus sobrinos. Y en el imaginario popular quedaba la idea de que, además, los había mandado matar. Pero según los chismes no se conformó con eso. Al parecer, ¡mató al primer marido de su esposa! ¡A su esposa! ¡A su hermano! ¡Y al rey Henry VI!

Los sobrinos. Antes de ser asesinados, claro.

Durante la época de los Tudor, los propagandistas de la nueva dinastía -especialmente Thomas More- se encargaron de desprestigiar la figura de Richard para legitimar la el nuevo gobierno. Con estos antecedentes no es de extrañar que en época de la última reina Tudor y 106 años después de la muerte de Richard, William Shakespeare tomara el testigo y decidiera hablar un poco más del rey dedicándole una obra de teatro en la que ponía su figura por los suelos, le atribuía atrofias físicas, asesinatos varios y fama de tirano y alguna que otra frase ridícula. Por si esto no fuera poco, en el siglo XVI el duque de Marlbourough perpetuó esta imagen de Richard diciendo: “Yo tomo la Historia de Shakespeare”. ¡Olé la investigación concienzuda y metódica! En el siglo XVII, por fin, un historiador empezó a preguntarse cuánto de esto era cierto y cuánto no y comenzó la polémica. Quizá Richard no era tan malo. Quizá su figura había sido utilizada. Quizá era todo propaganda. ¿Propaganda? Pero si la historia es la historia. No se puede usar como propaganda. ¿Verdad?

Una precisa representación de Richard en 1984, con mallas de lycra, zapatitos de ballet y muletas. Todo muy siglo XV.

Hoy nadie lo tiene claro. Hay quien le sigue acusando y quien le intenta exculpar. Tanto que existen asociaciones para limpiar su nombre. Sí, sí. Existe The Richard III Society y un grupo de descendientes directos ha creado la Plantagenet Alliance, varios historiadores empeñados en acabar con la farsa Tudor. Hasta un programa infantil británico le dedicó una canción

Es muy común escuchar la frase «la Historia la escriben los vencedores» y puede parecer que en este caso es así. Yo no diría tanto. La Historia la escriben los que pueden, los que tienen medios. La que nos llega es la que sobrevive. Y la que alguien se ha molestado en recuperar. Que no sepamos si los rumores sobre Richard son ciertos, o no, puede deberse a que la propaganda Tudor ganó la batalla. A que Thomas More y Shakespeare se hicieron famosos. O quizá nadie quiso creer que un jorobado y cojo pudiera ser un buen rey. Está claro que el caso de Richard III no es aislado. La manipulación de los hechos, de los personajes, de la «verdad», ha ocurrido y sigue ocurriendo. Sabemos que Cartago era muy mala y Roma tuvo que destruirla. Que los Hunos se dedicaron a conquistar y matar. Que los vikingos eran despiadados, incultos y guarros. Que los europeos exterminaron a los pobres americanos. Claro que la Historia no es mentira. Pero no todo lo que se presenta como Historia es verdad. Cuando la leemos, tenemos que fijarnos bien QUIÉN la escribió, CUÁNDO, POR QUÉ y PARA QUIÉN.

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2 comentarios en “La literatura hecha Historia. Richard III

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