Cuando pensamos en la historia del mundo, habitualmente pensamos en la historia de Europa. Es normal. Es el centro del mundo y todo lo importante ha pasado aquí. África, América y Asia son importantes durante las épocas de colonización y descolonización. Rusia y China con la llegada del comunismo. Japón entró fuerte en la II Guerra Mundial. Poco más importa, la verdad. No hace falta ser un observador muy avispado, no obstante, para darse cuenta de que Europa no es el centro del mundo. Puede que sea el centro de NUESTRO mundo. Pero cada región, cada nación y cada grupo de gente considera su región, su nación y su grupo de gente como el centro de SU mundo.

Un mapa de esos en escritura rara y descentrado.

Hay que tener mucho valor, sin duda, para autodenominarse «el centro del mundo». Y China lo tiene. Aunque en Europa le hayamos cambiado el nombre -hacemos lo mismo con los húngaros y los griegos-, los chinos llaman a su país Zhōngguó (中國), literalmente, la Nación del centro y sus habitantes Zhōngwén (中文), la Cultura del centro. No siempre fue así. Antes de la República el país se conocía con el nombre de la dinastía que lo gobernaba.

A pesar de que la noción que tenemos de China es la de una nación homogénea y unificada desde hace un huevo, es sólo un mito. Una idealización. Su desarrollo -si podemos considerar la historia como tal, claro- no fue precisamente uniforme.

El área donde se encuentra China parece bien delimitada por la geografía. Al Norte está la estepa. Al Oeste y al Sur, las montañas. Al Este, el mar. Este aparente aislamiento ha tenido una importancia significativa en el desarrollo de la historia china y en el modo en el que los chinos veían el mundo hasta el siglo XIX. Durante milenios, los chinos pensaron en su tierra como el «todo bajo el cielo» (tiānxià天下), la totalidad de la tierra y el centro de la civilización. La geografía les protegía, pero también les delimitaba. Les hacía parte de un sistema estanco. De El Sistema.

Mucho amarillo.

El Sistema se estrenó nada más y nada menos que por auténticos semidioses. Desde el año 2700 a. C., y durante 600 años, cortaron el bacalao un grupo de Tres Reyes y Cinco Emperadores (sān huáng wǔ dì,三皇五帝). ¡Ocho personas en 600 años! No hay que olvidar que eran semidioses con poderes mágicos. Desarrollaron la zona gracias a la abundancia de recursos y de mano de obra barata. Pusieron a los vagos de la zona a trabajar como chinos. Así, Zhōngguó, como otras grandes naciones, tuvo la fortuna de contar con excelentes estadistas de la talla de Kim Jong Il, inventor de la hamburguesa, y Juan Carlos I, de la democracia. 

A finales del tercer milenio, con todo el trabajo duro hecho, como no podía ser de otra manera, llegó la aristocracia. Y se dedicó a lo que se dedica la aristocracia: hacer que otros mueran por ella. La familia más importante fue la Xia (夏). A los cuatro siglos, otra familia encontró una forma mejor de hacer que la gente muriera por ella; los Shang (商). Nada sorprendentemente, su último rey fue un señor malo y cruel del que convenía librar al reino. Es el clásico caso de la justificación de la usurpación. Era el momento de la Dinastía Zhou (周).

Todo esto es historia sin registros escritos. No es de extrañar que una sociedad con una Prehistoria así se proclame «el centro del mundo». ¿Cómo no hacerlo si mientras en Europa se seguía jugando a amontonar piedras grandes en China había una civilización unificada y desarrollada fundada por semidioses? … Espera…

Los Anales de Bambú. Si queréis buscarlos en la web, recordad que en inglés “anales” se escribe “annals” y no “anals”. Muchas sorpresas pueden deparar al curioso no experimentado en las artes de Internet (y del inglés académico).

Evidentemente, no hay quien se crea lo de los Tres Reyes y los Cinco Emperadores, claro. ¡Semidioses que reinaron casi 100 años cada uno! Otra cosa son los Xia, Shang y los primeros Zhou que eran humanos y gente de bien. Sin embargo, aparecen todos -Reyes, Emperadores, Xia, Shang y Zhou- en los mismos cuentos. ¡Unos cuentos que fueron escritos casi 2.000 años después de su desaparición! En los siglos IV a. C., III a. C. y I a. C. –El Clásico de Historia (Shujing, 書經), Los Anales de Bambú (Zhúshū Jìnián, 竹書紀年) y Los Recuerdos del Gran Historiador (Shǐjì, 史記), respectivamente. ¿Cómo de ciertas son estas historias, entonces? Si ya es fácil manipular los hechos habiéndolos vivido, imagináos escribiendo lo que pasó hace cientos de años… ¿Cuánto podemos confiar en las palabras de los cronistas? ¡Pues aguantáos las ganas de saber más, porque este es un tema para más adelante!

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6 comentarios en “El centro del mundo

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